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Canallas, el nuevo proyecto de Bodegas Arráez para acercarte el vino a casa.

Bodegas Arráez presenta CANALLAS, un vino para tomar todos los días, joven fresco y afrutado.

El pasado Jueves 25 de junio estuvimos colaborando en la inauguración del nuevo supermercado de la cadena Family Cash en Alqueria de la Comtessa (La Safor, Valencia).

Este nuevo concepto de supermercado, presente también en Torrent, Xàtiva i Ontinyent, tiene como principal novedad ofrecer productos de calidad a precios accesibles y,Bodegas Arráez ,en su apuesta por llegar de la forma más cercana a todos los públicos ha querido entrar a formar parte de este proyecto presentando su línea de vino más joven, Canallas tinto y Canallas Blanco, con una estética muy atractiva   y que seguro invita al consumidor a repetir.

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Los jóvenes van acojonados a pedir vino

El futuro del vino está en los jóvenes, es indudable. Pero también es suyo el presente. Proyectos como Mala Vida retratan ese impulso de modernidad e innovación que las nuevas generaciones están dando al sector. Un ejemplo es esta iniciativa del valenciano Toni Arráez, que ha dado un lavado de cara a la imagen y el contenido de la familiar y vetusta Bodegas Antonio Arráez (Valencia). El objetivo es vender vino (obvio), pero también que éste llegue a la gente joven acompañado de un mensaje: disfruta de los placeres de la vida.

¿Qué es Mala Vida?

– Toni Arráez: “Es el nuevo proyecto de Bodegas Arráez. Es un paso hacia la modernización de nuestros vinos en cuanto al producto, su filosofía, su imagen y la forma de comunicarlo. La bodega la fundó mi abuelo en los años 50, la continuó mi padre y yo, que he estado estudiando enología y he estado trabajando en diferentes zonas, como la Ribera del Duero, la he retomado desde hace 6 o 7 años”.

¿Cómo se transforma una bodega que lleva décadas trabajando con una misma filosofía?

– T. A.: “Al principio, yo miraba, oía y callaba. Pero hace 5 años emprendimos el nuevo proyecto. Cuando llegué la edad media de la plantilla era de 65 años. Esta gente se ha ido jubilando y hemos metido sangre nueva; hemos triplicado la plantilla y la edad media es de 35 años. Seguimos siendo una bodega humilde que se autofinancia con lo que va vendiendo, pero contamos con muchas ideas para mejorar. Al tener un equipo tan joven, con muchas ganas y sobrada energía, se trata de ir filtrando ideas buenas.

Mi bodega se había dedicado toda la vida al vino económico, el típico vino de menú. Hacíamos hasta 5 millones de litros. Cuando llegué todo estaba de capa caída, en decadencia, con el agravante de la crisis. Al llegar yo, con las nuevas ideas y toda la experiencia que acumulaba mi padre, intentamos darle forma al nuevo proyecto. Estudiamos lo que estaba haciendo la competencia, los nichos de mercado que estaban libres, y nos dimos cuenta que no había muchas bodegas que estuviesen y estén pensando en que tenemos que formar y educar a la gente joven de cara al futuro del sector. Yo lo veía en Valencia, donde la gente automáticamente pide cerveza. Pensamos en que teníamos que encontrar la manera de hacer vinos para este tipo de público y transmitirlo”.

¿Y lo han conseguido?

– T. A.: “El proyecto define la idea que llevamos: atraer a gente joven y quitar la imagen de seriedad del vino. Me da mucha rabia ir a cenar y que se pida cerveza sin preguntar la marca y que, si se pide vino, mis amigos me digan que elija yo que soy el único que sabe”.

¿Qué vinos elige cuando sus amigos se lo piden?

– T. A.: “Los que quiero hacer. Y quiero hacer vinos para que la gente disfrute, para que disfruten del vino, de la cena y de la compañía que tienen junto a ese vino y en esa cena. El vino tiene que ser parte del ambiente, de la pareja, de los amigos, de la familia o de la soledad mientras lees un libro. El vino tiene que ser un acompañante, no el plato principal”.

¿Qué le llama la atención dentro del sector?

– T. A.: “Hay un montón de vinos iguales. Hay un montón de bodegas que las hacen nuevas para hacer más vinos iguales. Y para bien o para mal, nosotros queremos salir de ese montón y hacer una cosa diferente. Por imagen, por filosofía. Y que, guste más o menos, cuando alguien pruebe nuestro vino note que es un poquito diferente”.

¿Cómo se construye esa imagen moderna?

– T. A.: “En nuestro caso, el nombre lo traía ya en mente desde antes de volver al negocio familiar. Lo tenía claro. Luego hablé con Francesca della Croce, amiga que se encargó del diseño, y empezamos a maquinar en torno al nombre y el tipo de vino, hasta que sacamos la etiqueta, en una sola noche y delante de una botella de vino”.

¿Qué objetivos se marcan?

– T. A: “Vamos por la cuarta añada de Mala Vida. Estamos mejorando la calidad año tras año y prácticamente duplicando la producción. El crecimiento es bastante bueno pero con cabeza. No estamos acudiendo a cualquier distribuidor, a cualquier importador y a cualquier país. Estamos buscando cuál es el importador ideal para nosotros, que entienda el proyecto, que se comprometa con el proyecto y que sepa vender los vinos como lo hacemos nosotros.

Somos una empresa familiar y queremos que así continúe. Por suerte, la bodega la pagó mi abuelo, y la reforma, mi padre. Por tanto, no tengo que meter sobreprecio a la botella para pagar una hipoteca. Poquito a poquito, paso a paso, estamos levantando este proyecto. Estamos en el inicio. A partir de este año vamos a iniciar elaboraciones de alta gama, vinos muy específicos, con variedades autóctonas, más serias y que acompañen a Mala Vida, que de momento es nuestro buque insignia y creo que lo va a seguir siendo durante mucho tiempo”.

¿Qué hay que cambiar para que los jóvenes se acerquen al vino de forma más activa?

– T. A.: “Primero, cambiar lo que ven en casa. Yo tengo un anuncio de televisión grabado en la memoria: el de un tío con barba y anteojos, con pinta de saber mucho, en el salón de su casa, sentado en un sillón orejero con una copa de balón y anunciando el vino no sé qué. Lo que transmitía aquello era mal rollo, sobre todo frente al siguiente anuncio, que era sobre una fiesta donde un tipo abrazado a una rubia y una morena metía la mano en un cubo de hielos para sacar una Heineken. ¿Un chico de 20 años qué va a elegir tras ver esos anuncios? La cerveza, está claro. Éste es el primer error que se ha cometido: todas las bodegas han trabajado en la misma dirección, en hacer vinos para superentendidos y superexpertos. Se ha dado más importancia a hacer vinos de 95 puntos Parker y que ni yo mismo soy capaz de terminar la botella aunque tenga delante un chuletón, que a hacer un vino que se pueda beber y disfrutar fácilmente.

Y en segundo lugar está la educación. Ni en institutos ni en universidades ni en organismos oficiales se educa a los jóvenes sobre el vino. Recuerdo una campaña antibotellón en Valencia que giraba en torno a una botella de vino… ¡que me digan a mí cuántas botellas de vino hay un botellón! No se ha formado a la gente joven. Y la primera culpa es de las bodegas.

¿Dónde debe empezar y terminar la seriedad de una bodega para no caer en la transmisión de una imagen poco atrayente para los jóvenes?

– T. A.: “Yo, por ejemplo, no concibo venir a una feria de vinos con traje-chaqueta y corbata. Esa seriedad no atrae a los jóvenes. Y eso no quier decir que en Bodegas Arráez no seamos gente seria y responsable, pero dentro de nuestra filosofía. Hay mucha gente joven que viste como yo, que actúa como yo y que compartimos gustos, sensaciones y formas de vivir. ¿Por qué no aplicar todo eso al vino?”.

¿Qué imagen tienen las nuevas generaciones sobre el vino?

– T. A.: “La gente joven está acojonada con el vino, sobre todo a la hora de pedir un vino. Porque hay tanta parafernalia en torno al vino que asusta”.

Cuando regresa a la Bodegas Arráez, estalla la crisis. ¿Cómo ha sentado al sector?

– T. A.: “La crisis nos ha venido bien. Todos los grandes inventos nacen de las crisis, porque hasta que no te pica no te rascas. Y ahora parece que todas las bodegas funcionamos en la buena línea, en la de mirar al futuro, a nuestros consumidores”.

¿Qué podemos encontrar hoy en los vinos de Bodegas Arráez, como el Mala Vida?

– T. A.: “Son vinos superbebibles, con una intensidad aromática alta, con un punto de complejidad. Buscamos un equilibrio. Mucha fruta, un punto goloso, fáciles de beber y con un tanino muy pulido. Intentamos que en una cena, en lugar de una botella, te bebas dos. Son vinos que entran muy fácilmente y que están pensados para gente normal”.

¿De dónde salen estos vinos?

– T. A.: “Siempre hemos trabajado con uva propia y uva de la zona. Cuando llegué las instalaciones estaban muy obsoletas. Y lo que hicimos es firmar contratos con varias cooperativas y bodegas de la zona, controlando nosotros las producciones y luego en nuestra bodega realizar las crianzas, las estabilizaciones, las filtraciones y el embotellado. Trabajamos sobre todo con tempranillo y monastrell, aunque hay pequeñas partidas de malvasía, macabeo, verdil o cabernet souvignon. E incluso hemos elaborado un blanc de noir con monastrell, un blanco a partir de uva tinta monastrell. Quizás hayamos sido los primeros en hacerlo”.

Mala vida en los restaurantes Ibérica en Gran Bretaña

Ibérica solo trabaja con los mejores y más prestigiosos elaboradores de vino hacia gran Bretaña, sin olvidarse por supuesto, de promover la cultura y el arte a través de sus restaurantes en Londres. Los clientes se dejan llevar por la innovación y experiencia del conocido Chef Nacho Manzano , que tiene un currículo impresionante a sus espaldas.

Respaldado por 3 Estrellas Michelin (2 de su afamado restaurante Casa Marcial y otra del conocido La Salgar, en Asturias) que no dejan indiferente a nadie con sus menús marca de la casa, tanto por creatividad como por sabor. Manzano se asegura los ingredientes y productos de mayor calidad importados y seleccionados cuidadosamente por empresas españoles con experiencia internacional. Es por esto que nuestra bodega, es el vino más vendido en sus restaurantes de la capital londinense.

Noticia Comunidad Valenciana

A principios de Septiembre recibimos el reconocimiento de la tradicional sección de vinos del Levante-EMV, seleccionando como una de las referencias del mes nuestro CALABUIG TINTO JÓVEN. Elaborado a partir de los mejores racimos de Monastrell y Tempranillo, traslada al consumidor final el aroma de nuestra comarca “Terres dels Alforins”.

El Calabuig se asienta bajo la DOP Valencia recordando con sus aromas a fruta roja de media intensidad con una leve sensación balsámica y suave tanino. En la línea de nuestros vinos más jóvenes, el enólogo y gerente Toni Arráez ha querido darle el nombre de Calabuig en agradecimiento a su madre.